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'Kale borroka'
RUTH TOLEDANO
07/09/2007
El cantante
Joaquín Sabina publicó hace
unos días en este periódico
un panegírico del matador
José Tomás en el que dice
así: "Estuve en la
Monumental, del brazo de Serrat, soportando en trance
la kale borroka
antitaurina la tarde de su
ruidosa reaparición". Como
el cantante Sabina tiene (o
quizá tuvo) muchos
seguidores de sus letras y
comparte con el matador de
Galapagar mucha cobertura
mediática (el panegírico
ocupaba una página completa,
a la que hay que sumar las
que ocupa el profuso
seguimiento de las
actividades de ése y otros
matadores), conviene
responder a su atrevimiento:
su fama no puede justificar
su, llamémosla, confusión ni
ser carta blanca frente a
los lectores. Sabina define
la protesta antitaurina como
kale borroka, lo que
significa confundir con
violencia el derecho
constitucional de
manifestación y
concentración ciudadanas.
Sorprendente. La kale
borroka, tal como la
entiende nuestro imaginario
común, persigue la
desestabilización del
sistema a través de la
agresión callejera y el
enfrentamiento incontrolado:
quema de mobiliario público,
rotura de escaparates,
vuelco de autobuses,
lanzamiento a las fuerzas
policiales de objetos
contundentes y artefactos
explosivos, carreras,
amenazas. En el País Vasco
se identifica con la
antesala del terrorismo
etarra.
La protesta
antitaurina, por su parte,
persigue el cambio del sistema
que maltrata a los animales y se
ejerce de forma pacífica,
haciendo notar su presencia sin
recurrir a la violencia:
convocando a los afines,
coreando los eslóganes
pertinentes, portando pancartas
alusivas. Nada que no conozca o
practique cualquiera que haya
participado de una legítima
protesta ciudadana; muchos de
los que conocen y apoyan a
Sabina, sin ir más lejos. Y
nada, ni mucho menos, que ver
con el cóctel mólotov que
el propio Joaquín Sabina lanzó
en Granada contra una sucursal
del Banco de Bilbao en 1970 y
que le llevó a su romántico
exilio en Londres. Sin embargo,
yo jamás me atrevería a llamar
kale borroka a su lucha
antifranquista. Eran otros
tiempos y él, un cantante
protesta.
En estos tiempos,
mal que les pese a antiguos
subversivos o a viejos
revolucionarios, hay quienes creemos
que debemos seguir luchando. Ya no
contra el Proceso de Burgos, gracias
a tantos que lo hicieron
valientemente antes que nosotros,
pero sí, entre otras causas, contra
lo que también consideramos
procesos: los que se abren y cursan
contra los animales. Injustos,
porque los procesados son inocentes,
y extremadamente crueles, dado el
sufrimiento que se les inflige. Si
el dictador fue antaño la ruindad
que nos acompañaba fuera de nuestras
fronteras, hoy es la taurofilia lo
que horroriza y provoca desprecio.
Nuestra mayor vergüenza. Acosar y
torturar a un animal hasta la muerte
no tiene justificación moral ni
puede confundirse con el arte. Dice
Sabina que sólo le queda una
adicción: el matador José Tomás.
Habló con propiedad. Porque, como
bien sabemos, toda adicción genera,
en mayor o menor medida, violencia
hacia los demás: la adicción
alcohólica destruye familias y hace
correr mucha sangre (cuánto crimen
machista viene anegado en sol y
sombra), la adicción cocainómana
levanta la mano y deja caer golpes
sobre lo que encuentra cerca (cuánto
bebé maltratado es su escalofriante
víctima). Aunque, en última
instancia, el alcohólico o el
cocainómano puede quedarse solo con
ella, con su adicción. Por su parte,
la adicción taurófila convierte a
los toros en sus víctimas, pero
además las necesita para persistir.
Y trata de sublimar su dolor (lo
sabotea, lo ignora) con poéticas
sobre la sangre. Una egoísta y
perversa adicción.
Los antitaurinos
estamos en contra de ese abuso,
sencillamente. Y la taurofilia
española va más allá del coso
estrella. A su alrededor se producen
cientos de festejos populares donde
se maltrata a toros y vaquillas que
son quemados, ensogados, rajados,
cegados, destripados, ahogados. En
Tordesillas (Valladolid), y con el
beneplácito institucional y
mediático, el tristemente célebre
Toro de la Vega es alanceado hasta
la extenuación y la muerte por
hombres que lo persiguen a caballo.
Pero la víctima de este año, de
nombre Jaquerito, no estará
solo. Como en años anteriores, el
próximo domingo día 9 muchas
personas llegaremos allí en
autobuses a protestar, legítima y
pacíficamente, contra ese terror. Y
cada vez somos más (de ahí la
campaña del cantante Sabina y los
suyos). Aunque la policía tenga que
protegernos de los insultos, de las
amenazas, del lanzamiento de objetos
contundentes, de los agresivos
infiltrados. De la kale borroka
taurina.
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