Alto
Guadalquivir
25
de agosto de 2006
14430- CÓRDOBA
CARTA ABIERTA AL SR. ALCALDE DE
TORDESILLAS
TORDESILLAS (Valladolid- España)
Estimado Sr.:
El año pasado le escribí tras recibir
varios comunicados de asociaciones
nacionales e internacionales defensoras de
los derechos de los animales. Denunciaban
la crueldad de la tradición local de “ El
toro de la Vega”, que no es apoyada por
todos los vecinos de Tordesillas. Este año
hemos vuelto a recibirlos. El que se
venga denunciando este cruel espectáculo
es porque, como usted bien sabe, el toro
que ha tenido la desgracia de ser elegido
es alanceado, y así torturado, hasta la
muerte. Al final corre la misma suerte que
otros muchos animales durante la
celebración de espectáculos y festejos
locales sufragados en parte con dinero
público. Tradiciones de tortura, de sangre
y de muerte mantenidas a costa de seres
inocentes e indefensos que nunca debieron
de haberse celebrado la primera vez –
porque siempre hay una primera vez – si
los inventores de tales actos de barbarie
y quienes los apoyaron se hubiesen puesto
en el lugar de esos hermanos en la vida,
como decía el bienaventurado Francisco de
Asís.
Por compasión, porque no es justo lo
que se les viene haciendo, y porque los
animales sienten y sufren como nosotros,
muchos elevamos nuestras voces pidiendo
piedad para tantos seres inocentes que no
tienen voz para denunciar las torturas y
muertes atroces sufridas y las que han de
sufrir. A usted, Sr. Alcalde, le pedimos
por la vida del toro que va a ser
alanceado. Nuestro hermano en la vida se
enfrenta a una muerte atroz. Deberíamos de
ponernos en su lugar, porque su vida es
igual que nuestra vida. Y nosotros no
somos dueños de ninguna vida, porque no la
hemos creado.
Fuera de todo sofisma cultural y de
vanas entelequias intelectuales,
deberíamos de atrevernos a mirar a los
ojos a los animales que han caído en
nuestras manos y han de sufrir torturas y
muerte, por diversión, y dejar caer en
nuestros corazones lo que nos digan a
través de sus ojos. Ellos presienten que
van a sufrir y a morir con dolor. Piedad,
pedimos piedad por ellos y para ellos a
quienes tengan la legitimidad política
otorgada por el pueblo para cambiar las
leyes y tradiciones injustas. Pedimos
piedad para todos los hermanos animales.
Porque así también aprenderemos a tener
compasión y a comprender el dolor, las
hambres, enfermedades y desgracias de
cuantos hermanos viven en los países
suburbios de nuestro Primer Mundo.
En mi anterior carta hacía
referencia al atentado ético que sufren
los niños y jóvenes por la impronta que
dejan en sus conciencias las tradiciones
crueles. Y por esto toman responsabilidad
quienes tienen el deber de legislar de
acuerdo a los principios éticos y
cristianos que decimos son el norte de
nuestros valores. La de Tordesillas es una
tradición que tampoco ha sido denunciada
por las instituciones educativas y de
protección del menor del Estado. La
Escuela de Lanceros de Tordesillas sigue
abierta. Y el silencio otorga. La
violencia se incrementa en las aulas y en
las calles. Algunos medios difunden la
violencia. Se dice, y con razón, que la
Educación ha fracasado porque se enseña la
teoría de la moral o de la ética, pero no
se practican. No interesa cumplir lo que
predicamos en los diversos foros sociales.
Queremos nadar y guardar la ropa. Pero
nada de esto nos causa ya escándalo por
ser fruto de la moral y ética de doble
vara que entre todos hemos contribuido a
hacer norma. Y así nos va.
Le decía también en mi anterior
carta que ojalá se llegara a leer “Piedad
postrera”, de Pío Baroja, en los
institutos y escuelas de Tordesillas,
breve relato que transcribo pensando en
los niños y jóvenes, no sólo de
Tordesillas, porque ellos vienen a ser los
cimientos de la sociedad justa que
necesitamos fundamentar en valores éticos
para evitar nuestra propia destrucción. Y
es justo que les ayudemos a ver luz donde
hemos puesto sombras con nuestros malos
ejemplos:
“Fue el tiempo de
una terrible exaltación de la piedad. El
mundo había encontrado nuevamente la luz,
y la oscuridad ya no existía.
Porque la Humanidad había sentido en
su alma la conciencia del infinito, y el
horizonte de la vida era cada vez más
grande y cada vez más azul.
El hombre ya no podía
soportar el espectáculo del sufrimiento
ajeno, y se desvivía por los demás. El
rico había comenzado por desprenderse de
lo superfluo y quería compartir con sus
semejantes lo necesario, y el pobre se
resistía a tomarlo, y ambos eran felices.
Pero al corazón generoso
del hombre esto no le bastaba, y trató
también de llevar la felicidad a los
animales, y a las plantas, y a todo lo que
vive, y a todo lo que siente.
Porque en todo está la
idea y todo es la idea, y la idea es Dios.
Y el hombre recordó que
Jehová había dicho : “No matarás”, y se
abstuvo de derramar sangre de hombre.
Y recordó que en el “
Ecclesiastés” estaba escrito: “ Porque el
suceso de los hijos de los hombres y el
suceso del animal, el mismo suceso es;
como mueren los unos así mueren los otros,
y una misma respiración tienen todos.”
Y se abstuvo de derramar
sangre de animal.
En una inmensa pradera
bañada por el sol, celebraron en el mundo
la fiesta de la emancipación de los vivos.
Y por delante del hombre desfilaron
los animales, llenos de inmenso
agradecimiento: los caballos y los asnos,
las vacas, los perros, los elefantes, los
leones y las serpientes, y todos miraban
al hombre con amor, porque había dejado de
ser su verdugo para ser su verdadero
amigo.“
( Relato incluido en “ Cuentos”, de
Alianza Editorial),
Ustedes, Sr. Alcalde, los de Tordesillas,
podrían pasar a ser un referente ético a
nivel estatal y planetario, un ejemplo a
seguir por haber tenido el coraje de
abolir una tradición cruel. Valdría la
pena que Tordesillas llegara a ser un
símbolo en la defensa de la vida por
haber dejado de ser una sucursal de la
violencia y de la muerte. Es lo que evoca
hoy su ciudad al ser nombrada en los
diversos medios y foros de muchos países
de la Tierra.
No piensen ustedes que se va contra
Tordesillas ni contra quienes quieren
mantener la cruel tradición del toro de la
Vega cuando activistas por los derechos
de los animales levantan la voz a favor de
los animales. Se lucha pacíficamente por
ellos porque, como nosotros, también
tienen derecho a la vida. Y cuando sea
abolida esta tradición extraña al corazón
profundo del hombre -que lo será, porque
todo lo que tiene un principio no positivo
llega a tener su fin-, ese día muchos de
Tordesillas comprenderán que los
activistas por los derechos de los
animales pusieron unos granos de arena
para ayudar a que la ciudad y quienes la
habitan sean recordados bajo el prisma de
otra luz.
A millones buscamos la paz en toda
la Tierra. Y no conseguimos edificarla
sobre cimientos estables: lo vemos, leemos
y vivimos a diario. Por hacer a cuanto
lleva vida lo que no queremos que nos
hagan a nosotros hemos hecho de la paz una
palabra de papel, con la que comerciamos y
utilizamos a manera de comodín según
nuestros intereses. Y, como toda crítica
ha de aportar un valor positivo a lo
criticado, muchos decimos que la semilla
de la paz que tanto anhelamos comenzará a
germinar, y a transformarse en el
grandioso árbol que extenderá sus raíces y
ramas sobre toda la Tierra, cuando dejemos
de matar y causar dolor a los animales.
Porque si respetamos la vida en lo
pequeño también la respetamos en lo
grande. Y dejaremos de matarnos los unos a
los otros, en las guerras y en las
trincheras del corazón.
Cordialmente.
Alfonso
Toledano
Director
de Onda Azul Radio