|
"CARLITOS",
TE RECORDAMOS

La misma
noche del día que nos dejaste
recibí esta carta tan especial,
pertenecía a la historia de otro
perrito igual que tú, y además
la recibí en el momento que más
la necesitaba …
“No
lloréis por mí...
Me habéis dado
un hogar donde cobijarme, me habéis
proporcionado alimento y sobre todo,
me habéis dado vuestro amor y
vuestra compañía. Lo último que
querría es veros sufrir por mí.
Ahora que no estoy con
vosotros, no quiero veros triste. Deseo que
cuando penséis en mí sonriáis, pues así
sabré que mi recuerdo os hace feliz.
Quiero que recordéis
los buenos momentos que compartimos,
nuestras muestras de cariño, nuestros
juegos...y si alguna vez te defraudé, o me
porté mal, perdóname.
Y, por favor, no
dejéis de luchar, porque en este mundo hay
muchos otros amigos que viven en soledad,
tristes, sin cariño...muchos que darían su
vida por compartir un minuto con vosotros.
No, no lo digas, no
digas que no quieres volver...eso me hace
pensar que el tiempo que estuve contigo no
te hice feliz.
Por favor, que mi
muerte no sea en vano, que sirva para que
otros tengan la suerte de poder vivir y
conocer lo maravillosa que es vuestra
amistad, que conozca la verdadera "vida de
perro", que descubra el cariño.
No estéis tristes...yo
no lo estoy, porque sé que guardáis ese
rinconcito especial en vuestro corazón
...para mí”
Nuestro pequeño
Carlitos… sólo tú sabes cuántas cosas
habrás vivido en tantos años. Todos nos
sentimos en deuda contigo, por no haber
sabido darte lo que otros te negaron, no
hemos encontrado, o quizás no hemos sabido
buscar un hogar para ti, espero que sepas
perdonarnos.
Has sido y
eres muy importante en la
historia del refugio “Kimba”, tu
único hogar. Tu nave ya se llama
“la nave de Carlos”, y siempre
tendrás un sitio en ella aunque
no estés ya entre nosotros, tu
compañera “Elsa”, que no paraba
de llorar cuando te fuiste de su
lado, ya tiene familia… seguro
que tu desde dónde estés la has
ayudado, cómo has hecho siempre,
porque ningún otro perro la
aceptaba en su nave y tú le
diste un sitio donde dormir y
vivir junto a ti.
En tus
últimos años todos tus
compañeros te respetaban, y
aunque estabas ya débil ninguno
de ellos te ha querido quitar tu
sitio, ese puesto tan especial
que tenias entre todos “el
abuelo”, querido por todos los
voluntarios y animales del
refugio, aunque todos tenemos un
perrito “kimba” en nuestro
corazón, tu estabas en el de
todos.
Fue
difícil darnos cuenta de que no
estabas… cuando paseábamos por
el campo y ya no estabas ahí,
acostadito tomando el sol, ya
casi no veías y apenas oías lo
que te decíamos, pero cuando nos
acercábamos a ti movías el
rabito y los ojitos te brillaban
de alegría. Nos costó meter tus
pastillas en un armario, ya no
las necesitarías más, y
guardarlas significaba no volver
a verte.
Aun
recuerdo tu último baño… aquel
día te dejamos disfrutar del
agua que tanto te gustaba más
tiempo del que solías estar…
parecía que teníamos la
sensación de que pronto nos
dirías adiós y te hicimos fotos…
recuerdo que alguien dijo “a ver
si le encontramos una casita”…
no nos dio tiempo.

Por años
que pasen nunca olvidaremos el
día que nos dejaste entre los
aullidos de todos tus
compañeros… ellos antes que
nadie se dieron cuenta de que tu
tiempo se acababa, y que ya
ninguna pastilla podía
retrasarlo más, tu pequeña llama
se apagaba y era inevitable. Era
el momento de decirte adiós y
darte un último abrazo, de
pedirte perdón y desearte un
feliz viaje y el mejor lugar en
el cielo, el que tú tanto te
mereces y en el que sin duda
estarás, y desde el que estarás
ayudando a todos tus compañeros
a encontrar un hogar, incluso a
aquellos que no son de raza, ni
jóvenes, pero tan grandes por
dentro y por fuera como tú.
Hasta
siempre Carlitos, sentimos que
hayas tenido que vivir y morir
en un refugio…
Elena.

“En este
mundo entero, una cosa sólo
existe que no la compra el
dinero. El feliz meneo de la
cola de un perro”
Josh
Billings
|