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LA CAZA

 

                  LAS  LÁGRIMAS DEL CORZO 

 

 Hace poco escribía Juan Antonio Sarasqueta, comentarista de caza, estas tremendas líneas: “Lo que más me ha impactado de los corzos son las lágrimas que le brotan de esos preciosos ojos de grandes pestañas cuando están heridos y saben que no se pueden escapar de la muerte”.

 

La caza, lloren o no sus víctimas, constituye un crimen. Un crimen al que tendríamos que oponernos con el mismo empeño con que repudiamos otros fenómenos de violencia, cual los de índole política o doméstica, puesto que el eje de cualquier actitud solidaria debe ser la lucha contra la injusticia y el sufrimiento evitable.

 

Sin embargo, y mientras se aboga por el pacifismo, por el respeto medioambiental y por la sensibilidad naturalistas, nuestros Organismos oficiales nos animan para que descerrajemos tiros a seres capaces de sufrir como nosotros, fomentando la compulsiva capacidad del hombre de matar porque sí.

 

Tan odiosa bajeza  de divertirse masacrando animales es algo que sobra dentro de una sociedad éticamente desarrollada. Al hilo, reflexiona Yourcenar en su estupendo libro “El tiempo gran escultor”: “Recordemos, puesto que hay que relacionarlo todo,  que habría menos caza humana derribada de un tiro si la afición y la costumbre de matar fueran patrimonio de los cazadores. Seamos subversivos. Hay que rebelarse contra la ignorancia, la indiferencia, la crueldad que, por lo demás,  suelen aplicarse a menudo contra el hombre, porque antes o después se han ejercitado  sobre los animales”

 

Efectivamente, cada vez que se abre la veda, hay una cobarde conjura de escopeteros para destrozar pequeñas existencias temblorosas. Mudos quedan campos y bosques. Vacíos los cielos. Roto el sigiloso ovillo de caminos en la foresta. Y así, año tras año,  por oscura pulsión, por lucro, por ignorancia, se perpetúa semejante canallada, aduciendo que la caza y la pesca “deportivas” son imprescindibles par el equilibrio ecológico, argumento vano, sabido que dicho equilibrio existió desde el principio de los tiempos, sin necesidad de que apareciesen los domingueros de la escopeta y de la caña.

 

Seamos claros: actividad tan perversa cual sembrar la muerte e infestar el paisaje de plomo y estampidas no puede calificarse de “respeto a la naturaleza”. Seamos claros: fingir en la caza motivos equilibradores no es sino maquillar hipócritamente el enfermizo impulso humano de agredir. Seamos claros: la caza no es un deporte. No hay deportes con sangre. Si un señor quiere ir al monte, que se compre unas playeras y deje de quebrar las alas a la vida por el dudoso placer de ver llorar a un corzo.

 

                                                                  Gustavo Saínz.

PRESIDENTE COLECTIVO ANTITAURINO Y ANIMALISTA DE BIZKAIA (C.A.A.B)


Campaña contra la cacería del Rey

comunicado enviado por el PACMA, donde se condena la cacería en la que participó el Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón. Para conseguir que se escuche nuestro rechazo ante estos actos y para que no se vuelva a repetir necesitamos conseguir muchas firmas.

Firmas:

http://www.animanaturalis.com/modules.php?goto=Pvst2_633679950_63367

D. Juan Carlos de Borbón,  Rey de España,  continúa cazando especies protegidas por Convenios Internacionales, como el de Berna. Hace unos meses mató en Polonia a un bisonte europeo, que, tras ser capturado previamente, le fue colocado delante del rifle. Era un animal de pelo lanoso, con una mirada triste y pacífica. La hazaña le haría, sin duda, sentirse muy valiente.
Ahora acaba de dar muerte, en Rumania – en donde las corruptas
autoridades están haciendo emigrar a gran parte de la población-, a nueve osos, sin consideración alguna a una hembra preñada que se contaba entre los mismos, y a un lobo. Tanto el bisonte europeo como el oso y el lobo están muy amenazados de extinción.




 
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